Hay discos que triunfan por una canción. Otros, por una moda pasajera. Y existen unos pocos que sobreviven al tiempo porque fueron concebidos con una visión mucho más amplia. Obras que, décadas después de su lanzamiento, continúan revelando detalles, matices y secretos que muchos pasaron por alto en una primera escucha. Dentro de ese selecto grupo se encuentra Sólo Ellos Pudieron Hacer Este Álbum, la histórica producción grabada por Celia Cruz y Willie Colón en 1977.
Más que un éxito comercial, este disco representa una radiografía perfecta de la riqueza musical del Caribe en una época de cambios profundos dentro de la industria salsera. Para comprender su importancia es necesario retroceder algunos años y observar el contexto en el que fue concebido.
Antes de llamarse Salsa
Mucho antes de que la palabra Salsa se convirtiera en una etiqueta universal, los discos llevaban con orgullo el nombre exacto de cada ritmo que contenían. En las carátulas aparecían términos como guaracha, son montuno, bolero, guajira, guaguancó, danzón, cha cha chá o pachanga. Cada composición tenía una identidad claramente definida.
Sin embargo, con el crecimiento de la industria musical en Nueva York y el auge comercial impulsado por Fania Records, todos esos ritmos comenzaron a agruparse bajo un mismo paraguas: la Salsa.
Aquella denominación sigue generando debates apasionados hasta nuestros días. Para algunos es una etiqueta comercial; para otros, una identidad cultural. Lo cierto es que nadie puede negar que la inmensa mayoría de los ritmos que alimentan este movimiento tienen profundas raíces cubanas. Pero más allá de las discusiones terminológicas, lo verdaderamente interesante es entender cómo esa música evolucionó, se fusionó y logró conquistar al mundo.
Precisamente en esa evolución se encuentra una de las claves para comprender el valor de este álbum.
El poder detrás de la industria
A mediados de los años setenta, Fania Records ya era mucho más que una disquera. Era un fenómeno cultural. Sin embargo, también era una empresa dirigida con una visión empresarial muy clara por parte de Jerry Masucci, abogado de profesión y hombre que conocía perfectamente los mecanismos legales y comerciales de la industria musical.
Mientras el sello expandía su influencia por América Latina y Estados Unidos, muchas producciones comenzaron a simplificar la presentación de los géneros musicales. Los discos ya no destacaban tanto el ritmo específico de cada canción; el protagonismo recaía en los artistas y en la marca Salsa.
En medio de ese panorama aparece una producción extraordinaria que, paradójicamente, hace exactamente lo contrario: rescata la diversidad musical del Caribe y la presenta en un mismo álbum.
La unión de dos gigantes
Cuando Sólo Ellos Pudieron Hacer Este Álbum llegó al mercado en 1977, reunió a dos figuras que atravesaban momentos extraordinarios de sus respectivas carreras.
Por un lado estaba Willie Colón, ya consolidado como uno de los productores más influyentes de la música latina. Su trabajo junto a Héctor Lavoe había cambiado para siempre el sonido de la Salsa, y sus posteriores colaboraciones con Rubén Blades abrirían una nueva etapa dentro del género.
Por el otro estaba Celia Cruz, una artista que no necesitaba presentación. Desde sus años con la Sonora Matancera hasta sus grabaciones en Nueva York, Celia se había convertido en una institución musical capaz de interpretar prácticamente cualquier ritmo con una naturalidad asombrosa.
La combinación parecía inevitable.
Y cuando finalmente ocurrió, el resultado superó todas las expectativas.
La voz que podía cantarlo todo
Una de las razones fundamentales que explican el éxito de este disco fue la extraordinaria versatilidad de Celia Cruz.
Existe una anécdota memorable narrada por Larry Harlow a César Miguel Rondón. Durante la producción del álbum Hommy en 1973, Harlow le envió a Celia una grabación preliminar del tema Gracia Divina para que lo estudiara antes de entrar al estudio.
Cuando la cantante llegó a Nueva York confesó, con absoluta tranquilidad, que ni siquiera había escuchado el casete.
La reacción de Harlow fue de sorpresa.
Sin embargo, decidieron grabar.
La canción quedó lista en una sola toma.
Ese nivel de intuición musical no se aprende; simplemente se posee.
Y precisamente esa capacidad para interpretar cualquier género fue la que permitió que este álbum alcanzara una riqueza musical poco común.
Diez canciones, diez universos musicales
Lo que hace verdaderamente especial a esta producción es que cada canción representa una tradición musical distinta.
El recorrido comienza con Usted Abusó, adaptación realizada por Willie Colón sobre una composición brasileña de Antonio Carlos y Jocafi. Desde el inicio queda claro que el disco no se limitará a un solo lenguaje musical.
Luego aparece A Papá, una poderosa bomba puertorriqueña inspirada en el legado de Mon Rivera, una de las grandes influencias de Colón.
La tercera parada llega con Plazos Traicioneros, interpretado en formato de trío romántico, donde sobresale la sensibilidad musical de Yomo Toro y una instrumentación mucho más íntima.
A continuación surge Pum Pum Catalú, un contagioso merengue compuesto por Johnny Pacheco, quien aporta al álbum la esencia dominicana con toda su energía característica.
Y entonces aparece Zambúllete, considerado por muchos como una de las joyas ocultas de la producción. Su desarrollo musical, las moñas de trombones y la explosión rítmica convierten el tema en una verdadera demostración de fuerza orquestal.
Del mariachi al tambor caribeño
La riqueza continúa con Tú y las Nubes, inmortal composición de José Alfredo Jiménez que recibe un tratamiento musical completamente distinto gracias a los arreglos de Luis Perico Ortiz.
Más adelante llega Todos Somos Iguales, una reflexión musical en ritmo afro con pinceladas de cha cha cha y son montuno, donde Willie Colón vuelve a abordar temas relacionados con la espiritualidad y el sincretismo religioso, asuntos recurrentes a lo largo de su carrera.
Luego aparece Dulce Habanera, que inicia con elegantes compases de danzón antes de transformarse en un vibrante guaguancó.
La recta final incluye Rinkinkalla, un son montuno en estado puro, y concluye con Burundanga, reinterpretada con el poderoso sonido de los trombones de Willie Colón y una fuerte presencia de elementos afrocubanos.
El resultado es fascinante.
Brasil, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, México y Cuba conviven en una sola producción sin perder identidad ni coherencia.
Una obra maestra construida por especialistas
Pero un álbum de esta magnitud no podía sostenerse únicamente sobre los nombres de Celia Cruz y Willie Colón.
Detrás de la grabación trabajaron figuras fundamentales como Louie Ramírez, Luis Perico Ortiz, Ernie Agosto, Yomo Toro, José Mangual Jr., Salvador Cuevas y el legendario ingeniero de sonido Jon Fausty, responsable de buena parte de la magia sonora que caracterizó las producciones más importantes de Fania.
Especial mención merece Salvador Cuevas, cuyo bajo aporta ese swing inconfundible que sirve de columna vertebral a todo el álbum.
Cada arreglo, cada entrada de los trombones, cada coro y cada sección rítmica parecen estar colocados exactamente donde deben estar.
Nada sobra.
Nada falta.
Mucho más que un disco exitoso
En 1977 la Salsa atravesaba un momento complejo. Las ventas comenzaban a desacelerarse y la industria buscaba nuevas fórmulas para mantenerse vigente. Mientras Fania intentaba reinventarse, mercados como Puerto Rico y Venezuela se convertían en importantes centros de producción musical.
En medio de ese escenario apareció este álbum.
Y no solo funcionó.
Se convirtió en una referencia.
Porque demostró que la música caribeña podía seguir evolucionando sin renunciar a sus raíces. Que era posible reunir géneros distintos dentro de una misma producción y lograr una obra coherente, elegante y profundamente popular.
Por eso, más allá de sus éxitos radiales, Sólo Ellos Pudieron Hacer Este Álbum permanece como una clase magistral sobre la diversidad musical del Caribe.
Una producción donde cada canción es una ventana a una tradición distinta.
Un encuentro entre dos gigantes en el momento preciso.
Y, quizás por encima de todo, una demostración de que la grandeza de la Salsa nunca estuvo en un solo ritmo, sino en la extraordinaria capacidad de reunir muchos sonidos bajo una misma pasión: la música.
Texto: Héctor Henríquez.



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